La palabra "apócrifo" proviene de la palabra griega “apókryphos”, que significa oculto o apartado. Esta palabra se usó para designar escritos no leídos públicamente en las asambleas litúrgicas ni reconocidos como inspirados por la autoridad de la iglesia.
Al través de los tiempos esta palabra ha sido
utilizada para señalar, identificar o describir algo falso, fingido o de
autenticidad no comprobada
ü En el
ámbito legal y procesal, se puede calificar y tachar de apócrifa cualquier
carta o documento cuya firma no sea o asumida por su autor ya que afecta
directamente su autenticidad y autoría.
ü En el
derecho procesal, un documento se considera auténtico cuando se tiene certeza
sobre la persona que lo elaboró o firmó. Si nadie reconoce la firma ni se
atribuye su autoría, el documento se vuelve de origen desconocido o dudoso, lo
cual es la definición exacta de un documento apócrifo.
El hecho de que se le haya "dado el
curso normal del proceso" no le otorga validez automática ni cura su falta
de autenticidad; simplemente significa que el documento fue recibido y
tramitado administrativamente, pero su fuerza probatoria debe ser cuestionada.
Existen diversos procedimientos que pueden
ser utilizados para impugnar un documento de este tipo en un proceso, entre los
que se pueden identificar los siguientes pasos legales:
1. Tacha
de falsedad o impugnación de autenticidad: Es el mecanismo
procesal para alegar que el documento es apócrifo. Al presentarlo, se argumenta
que el documento carece de autor cierto, violando el principio de contradicción
y defensa, ya que no se puede interrogar ni vincular legalmente a un firmante
inexistente o anónimo.
2. Carga
de la prueba: En caso de impugnación del documento: La regla
general en la mayoría de los códigos procesales dicta que quien aporta un documento
privado al proceso tiene la obligación de demostrar su autenticidad si este es
objetado. Si la contraparte aportó la carta,
pero "nadie dice haberla firmado", dicha parte no está cumpliendo con
el estándar de reconocer o autenticar la prueba que pretende usar a su favor.
3. Valoración
del Juez (Eficacia Probatoria): Aunque el documento haya
corrido el trámite normal del proceso, al momento de dictar sentencia el juez
debe evaluar su valor probatorio. Un
documento sin firma ni autoría reconocida suele ser valorado, como mucho, como
un indicio leve o una simple "pista", pero carece de la fuerza de una
prueba documental plena. Si se demuestra
que es completamente anónimo y no hay otras pruebas que lo respalden, el juez
usualmente lo desestima por no ofrecer garantías de veracidad.
Los documentos apócrifos y el chisme
comparten una raíz común: son narrativas que carecen de validación oficial,
pero poseen un enorme poder para moldear la percepción de la realidad. Aunque uno pertenece al mundo escrito
(frecuentemente histórico o religioso) y el otro a la comunicación oral y
social, ambos funcionan bajo las mismas dinámicas psicológicas y de difusión.
Las principales similitudes entre ambos
fenómenos son las siguientes:
1. Origen
y autoría oculta o distorsionada
a.
Anonimato o atribución falsa: Los
documentos apócrifos suelen firmarse con el nombre de una figura de autoridad (un
apóstol o un gobernante) para ganar credibilidad falsamente. El chisme, por su
parte, suele escudarse en el anonimato mediante frases como "me dijeron
que" o "se rumorea que", diluyendo la responsabilidad de la
fuente original.
b.
Falta de verificación:
Ninguno de los dos pasa por un filtro de control de calidad o de verificación
institucional antes de expandirse. El
chisme busca llenar los vacíos de información dentro de un grupo social cuando
hay secreto o falta de transparencia.
c.
Manipulación de poder e influencia: Ambos
se utilizan como herramientas para alterar el orden establecido. Un documento
apócrifo puede buscar legitimar una doctrina alternativa; un chisme puede
destruir la reputación de un rival para cambiar la dinámica de poder en un
entorno laboral o comunitario.
2. Mecanismo
de difusión y evolución
a.
Mutación con el contenido: A
medida que un chisme pasa de boca en boca, se adorna, se exagera o se recorta según
los sesgos del narrador. Los documentos apócrifos, al ser copiados y traducidos
a lo largo de la historia, también sufrían modificaciones, añadiduras e
interpretaciones de los escribas.
Relación con la
"Verdad".
Para que un chisme o un texto apócrifo sea
creíble, no puede ser completamente descabellado. Ambos suelen contener
elementos reales o un contexto familiar que hace que la mentira o la
exageración parezcan totalmente posibles.
Marginalización por la
autoridad.
Las instituciones oficiales (la Iglesia,
la academia, las leyes o las directivas de una empresa) tienden a perseguir,
censurar o desmentir tanto a los apócrifos como a los chismes, catalogándolos
como falsos, peligrosos o subversivos.
Termino este escrito con una frase muy
repetida por mi abuela paterna: “Prefiero vivir con un ladrón y no con un
jablador”.
Gracias.